Buenos Aires, 1945. Al finalizar la función del estreno mundial de La Casa de
Bernarda Alba, Margarita Xirgu regresa emocionada a su camerino en el
Teatro Avenida. Allí comprueba que el teatro es un ritual de invocación: atraído
por la gran interpretación de su actriz predilecta, Federico García Lorca,
asesinado nueve años antes en España, aparece en el camerino para festejar
el éxito y celebrar su amistad con la actriz. También para pedirle que no vuelva
a España, impulsándola a tomar una importante decisión.
Tan inusitada reunión se convierte en una emocionante conversación entre
ambos, con brindis, bailes y dramatizaciones, rememorando las obras
cumbre de Federico, compartiendo guiños cómplices sobre personajes
célebres de su época o conversando sobre el devenir de su tierra natal.
La noche aún vive y escritor y actriz rememoran lo mejor de sus vidas.